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Reflexión ante la muerte

02 Jun

Han pasado ya varios días desde el trágico suceso que sacudió a la comunidad Adventista del Séptimo Día el pasado 29 de mayo de 2011. El fallecimiento de una joven de 20 años de edad, estudiante de la Universidad de Montemorelos a manos del crimen organizado que pulula en las calles de este país, no hace más que replantearnos, ¿Quiénes somos los Adventistas? ¿Qué pasa por nuestra mente? ¿Cómo sobreponerse a este suceso?

A lo largo de toda la semana, en muchos rostros a través de la red y las noticias, he observado indignación, en otros, tristeza por la pérdida de una amiga, de una hermana. Pero en la mayoría, he observado una paz que se muestra a través de una serie de promesas, de fe, de seguridad recordándonos que “estamos en este mundo pero no somos del mundo” (Juan 17:16).

Quizá de todos los textos bíblicos que he visto circular en estos días, hay 2 que captaron inmediatamente mi atención: El primero dice: “Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho.” (Juan 14:26 NVI). Y es que he podido ver tangiblemente la presencia del Espíritu Santo dando paz, dando consuelo, dando esperanza y recordando todas las promesas de Jesús cuando dijo que “Él es la resurrección y la vida, el que cree en Mí [Jesús] aunque esté muerto vivirá” (Juan 11:26).

El Espíritu Santo está cubriendo con sus alas protectoras a una familia que se encuentra en dolor, pero también la iglesia ha sido un medio usado por Dios para brindar consuelo, protección y apoyo. Somos una gran familia y el dolor también nos ha sacudido a cada uno de nosotros como hermanos, pero de cualquier manera Dios ha estado ahí en medio de nosotros. En poco menos de año y medio, he tenido la desdicha de enterarme de la muerte de 4 amigos creyentes, devotos a Dios, algunos incluso mientras predicaban el amor de Dios, pero es reconfortante saber que gracias a lo que para muchos parece irracional, Dios ha obrado maravillas en la vida de muchas otras personas.

Dios no ve la muerte como nosotros la percibimos. Para él sólo es un descanso. Aquel que tiene en sus manos las llaves de la muerte y del abismo, ha declarado que Él mismo es “El camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6)

El segundo texto que saltó a mi vista el día de ayer es la declaración de Pablo en Filipenses 1:21 “Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia”. A veces, querido hermano, estamos tan acostumbrados a la vida en este planeta de dolor que consideramos como todo un éxito una vida longeva. Aquel que vivió 80, 90 o 100 años de edad creemos que es el que “se la ha pasado mejor”, pero desde la perspectiva Bíblica, el sabio Salomón nos recuerda que “vale más ir a un funeral que a un festival, vale más llorar que reír; pues entristece el rostro, pero le hace bien al corazón” (Ecl. 7:2-3). Esto lo menciona 2 capítulos antes de describir la condición de aquellas personas que mueren “Porque los vivos saben que han de morir, pero los muertos nada saben porque su memoria queda puesta en el olvido” (Ecl. 9:5).

Tal vez suene complicado pensar en que pueda ser “ganancia” una muerte que no podemos explicar, pero Dios tiene un plan maravilloso para las vidas de cada ser humano aunque esto no lo parezca desde nuestra lógica humana.

La muerte de Yoselin ha servido para que muchas personas (incluyéndome a mí) nos replanteemos en dónde y en quién está cimentada nuestra fe. Recordemos hermanos, que sólo estamos de paso en este mundo. El pecado ha degradado tanto las cosas que una chica inocente perdió la vida a causa del aumento de la maldad. No permitamos que esto no enfríe nuestro amor. Convirtámonos en aquellos canales por los que Dios envía consuelo a las almas heridas. Oremos los unos por los otros por el consuelo que sólo Dios puede brindar a las almas que se encuentran sufriendo por la pérdida directa de esta valiosa vida.

Si hoy fuera mi último día, desearía saber que cuando despierte, lo primero que veré será a Cristo Jesús viniendo en las nubes de los cielos en Gloria, Majestad y Poder, con millones de ángeles, mientras lentamente observo cómo algunas personas ascienden para recibir al Señor en el aire (1ª Tes. 4:17) y mi familia se siente gozosa porque nos volvemos a reunir.

Los dos textos que me impresionaron esta semana, los he visto cumplirse ante mis ojos. He observado el consuelo que sólo el Espíritu Santo le puede dar a una madre que confía plenamente en un Dios “que conoce el fin desde el principio” y la tranquilidad de saber, que durante el tiempo que la educó, hizo el mejor trabajo posible para llevar a su hija a los pies de la Cruz. Del mismo modo he podido ver cientos de frases, de textos bíblicos, de oraciones que ascienden al cielo para consolar a una familia y a una comunidad religiosa durante esta semana.

Pero también he observado cómo muchos, que convivimos con ella y otros que no, han podido extraer lecciones de fe, de esperanza que ratifican el poder del Dios en quien creemos.

Hay que decirlo abiertamente: Creemos en Jesucristo, el hijo de Dios, quien murió en la cruz del calvario para que podamos tener acceso a la vida eterna. Creemos en el Dios creador del cielo y de la tierra, el que tiene en su poder la combinación secreta de la vida. El Padre maravilloso que, cuando su hijo se siente doblegado porque “alguien” lo ha dañado, le abraza, lo consuela, lo restaura y lo ayuda a levantarse.

Parados en este punto, sólo resta agradecer a ese Dios porque aunque no entendemos en este momento el por qué, podemos estar seguros que “A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Rom. 8:28).

De aquellos que robaron la vida de la joven, “Una cosa es segura: Los malvados no quedarán impunes, pero los justos saldrán bien librados” (Proverbios 11:21).

Es por eso que hoy no he podido reflexionar sobre alimentos, sobre salud, pero sí sobre vida espiritual, porque me sobrecoge la muerte de una persona especial, mi hermana en Cristo, miembro de mi alma máter y creyente del mismo Dios a quien alabo.

Desde este espacio, a los padres de Yoselin, sus amigos, sus familiares, les decimos que estamos orando mucho por ustedes, agradecemos al Espíritu Santo por ser el Consolador Eterno y anhelamos que Cristo vuelva muy pronto para llevarnos a aquellas mansiones donde ya no habrá más muerte, ni llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas habrán pasado y, sobre todo, Dios mismo enjugará toda lágrima de sus ojos (Apoc. 21:4)

Al final de cuentas, revisar las promesas divinas, orar por nuestros hermanos y brindar consuelo a los que en este momento se encuentran en dificultades emocionales, también es Nutrición Espiritual.

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4 comentarios

Publicado por en 2 junio 2011 en No sólo de pan...

 

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4 Respuestas a “Reflexión ante la muerte

  1. Ma del Carmen Higareda Barrera

    3 junio 2011 at 9:49 AM

    Sin duada tu articulo me ayuda a digerir lo que ha pasado con mi sobrina, es un inmenso dolor la perdida de una joven tan llena de dones como lo fue yosi, pero es bien cierto que los que aman a Dios todas las cosas las ayudan a bien, Dios se la ha llevado pero queda el gran testimonio de fe y esperanza que la familia Perez Ramirez ha dado, asi mismo se reafirma que donde quiera que andemos somos una gran familia adventista, y con el corazon solo pedimos, que Cristo venga y ser felices todos juntos al lado de nuestro padre celestial, con nuestros amados que descanasan en el señor, mi niña ahora solo duerme y el que ha de venir vendra y no tardara!!! Es la bendita esperanza de esta gran promesa.
    Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.

     
  2. nutricionespiritual

    3 junio 2011 at 10:12 AM

    Hermana. En San Juan 13:7, Jesús le dice a Pedro lo siguiente: “Ahora no entiendes lo que estoy haciendo —le respondió Jesús—, pero lo entenderás más tarde”.

    Me reconforta saber que esta reflexión pueda servir de algo. Lo más valioso que tenemos es la fe en Jesús. Muy pronto volverá por nosotros y tenemos que estar preparados.

    A nombre del ministerio Nutrición Espiritual, les recordamos que seguimos orando para que el Espíritu Santo les brinde fortaleza y paz en medio de la crisis. Somos hermanos y estamos para apoyarnos mutuamente los unos por los otros.

    Confiamos en las promesas de Dios y tenemos que estar preparados para recibirle ahora que él venga. Le mandamos abrazos y bendiciones a toda la familia.

     
  3. Oscar Lara Chepetla

    3 junio 2011 at 6:47 PM

    es una realidad, cada parrafo un buen cristiano es el que vive para Cristo y camina para el, y renunsia al mundo.

     
  4. David

    4 junio 2011 at 12:41 PM

    Gracias por las oraciones “Feliz Sabado”

     

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